martes, 31 de enero de 2017

Otras lecturas, otras miradas: "Mientras unos hablan, otros callan"



Miguel Santiago Losada
Profesor.
Portavoz de la Plataforma Mezquita-Catedral
Miembro de Comunidades Cristianas Populares



  



 Hace tres años la plataforma ciudadana “Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as” iniciamos una serie de reivindicaciones encaminadas a recuperar la memoria e identidad de nuestro principal monumento y su titularidad pública. Conseguimos a los dos años de andadura que se recuperase el nombre de Mezquita-Catedral en la cartelería del monumento aunque, a día de hoy, aún aparece sólo el nombre de Catedral en la página web de la visita nocturna y en las entradas para poder visitarlo.
La memoria e identidad del edificio sigue estando amenazada por el obispo tal y como se desprende de sus discursos e intervenciones. No cesa en el intento de negar la verdadera historia del monumento para beneficio de sus propios intereses: continuar con el movimiento de apropiación. La última vez fue en la revista “17” editada por el Ayuntamiento de Córdoba donde en una entrevista afirma que “La Mezquita pertenece al arte cristiano bizantino y los moros sólo pusieron el dinero”.  Además de seguir en su estrategia discursiva para demostrar la titularidad católica del monumento, evidencia una falta de respeto a nuestros hermanos musulmanes.
    Eduardo Manzano, profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en unas declaraciones efectuadas en el programa La Ventana de la Cadena SER, el pasado 19 de enero, dijo que “son un disparate estas declaraciones. Son declaraciones basadas en las afirmaciones que hizo en su día el canónigo de la catedral de Córdoba, Manuel Nieto Cumplido, en su libro “La Catedral de Córdoba” en la que afirmaba semejante cosa (…) Un señor que no es especialista ni en arte bizantino, ni en arte islámico, por consiguiente no hay ninguna base científica”.  Queda claro que escribió este libro al servicio del poder eclesiástico, bajo el obispado de Juan José Asenjo, Obispo que inmatriculó la Mezquita en el Registro de la Propiedad por 30 euros.
    La Unesco la declaró patrimonio mundial de la humanidad por su arte islámico, no por ser bizantina. Antonio Vallejo, exdirector de Medina Azahara, incide en ello al afirmar (programa de radio Córdoba, 19-01-17) que “el diseño de la Mezquita es único al integrar elementos de diferentes procedencias” y, añade, “decir que la Mezquita es bizantina es una visión nefasta y sesgada, es como pensar que Medina Azahara es romana por la espléndida colección de sarcófagos que contiene”; otro científico para el que las afirmaciones del obispo son una inexactitud, ya que según sus palabras  “la Mezquita constituye una tipología específica del arte islámico que no se encuentra en otros lugares (…) No tenemos un referente para la Mezquita en el mundo bizantino”. En esta misma dirección, Susana Calvo, profesora titular del departamento de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid analiza en su libro las “Mezquitas de al-Ándalus”, la analogía entre la Mezquita de Damasco y la Mezquita de Córdoba.
  Podríamos seguir con infinidad de citas y argumentos científicos, pero solo tomo prestadas las palabras pronunciadas por Arturo Pérez Reverte con motivo de habérsele otorgado el premio Averroes de oro: Hay que recordar su nombre frente al fanatismo, la estupidez y la sombra”.  “Averroes fue víctima del fanatismo y de la estupidez en su tiempo (se llegaron a quemar sus libros)”. Esperemos que no nos pase lo mismo con la Mezquita y, aunque no la quemen, no consigan robarle el alma, la memoria y la identidad de todo un pueblo.
La Plataforma “Mezquita-Catedral, patrimonio de todos/as” desde el primer momento ha pedido la intervención pública para impedir todo esto. Ni el Gobierno central, ni la Junta de Andalucía han hecho nada para impedirlo. Las Administraciones Públicas en lugar de ir creando un consenso histórico-patrimonial  en torno a uno de los monumentos más emblemáticos del país, hacen dejadez de funciones, y si cabe, están siendo condescendientes con los que mantienen postulados completamente opuestos a la historia y a la titularidad pública de los bienes del Estado. En definitiva, mientras unos hablan y ejercen, otros callan y otorgan.




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